lunes 18 de enero de 2010

palabras de un animal político que sangra

No estoy inscrito.
No estoy inscrito porque no creo que un quinto de la población pueda decidir por un grupo humano completo.
No estoy inscrito porque pensé durante mucho tiempo que mi silencio era una voz.
No estoy inscrito porque la política se hace al margen del oficialismo. Se hace en las calles, en las tablas, en las pantallas de televisión.
No estoy inscrito porque no quiero sentir la culpa de elegir gobiernos con los que estaré eternamente disconforme.
No estoy inscrito porque no quiero elegir a mi enemigo. Quiero que venga a mí.
No estoy inscrito.
Y hoy lo lamento tanto...






Recuerdo mi niñez. Recuerdo a los militares apuntándonos mientras jugábamos en el patio. Recuerdo a mi madre muerta de miedo enterrando sus discos de Violeta Parra. Recuerdo ir con mi padre a las caravanas de NO, acompañándolo sin entender lo que pasaba, sólo moviéndome porque todos lo hacían de esa manera. Recuerdo jugar con mis amigos a las votaciones. Recuerdo que el apellido Büchi me gustaba porque tenía la u con puntitos y decía que si votara, lo haría por él. Porque su apellido era divertido.

Era un niño, no tenía responsabilidad histórica. No tenía por qué hacerme cargo de un país.
Ahora soy adulto. Las cosas son diferentes.

Durante toda mi vida me declaré en contra. Disconforme. Escribiendo sobre política porque es lo que más me apasiona. Conversando hasta tarde con todo el mundo porque necesitaba entender cómo pensaba el resto. Descubrir las trampas de la razón.
Gritaba consignas contra el gobierno. Estaba en las manifestaciones de estudiantes, aplaudiendo a los que daban la cara. Apoyando los discursos que gritaban contra la oficialidad. Esperaba el día que la política diera un giro violento. Una revolución.
Jamás pensé que esa revolución llegaría en manos de aquellos que usaron guantes para tapar las manchas de sangre que aún gotean.

Hoy, luego que la derecha gana por primera vez en elecciones democráticas, gracias al voto de tres millones de chilenos, siento que algunas cosas van a cambiar y otras van a seguir igual.

Los que somos críticos, disconformes, regañones, siempre discutiendo, siempre peleando por algo más que no está contemplado, seguiremos haciéndolo. Sólo me asalta la duda de hasta cuándo podremos seguir sosteniendo un discurso que no encuentra asidero salvo en los que luchamos por mantener la memoria.

El panóptico cultural me deja una sensación de miedo. Aparece el concepto de "integrar a los privados" en la política cultural. Lo cual a priori no es un sinsentido, pero me aterra pues sé de lo que hablan. Hablan de ser como los de afuera. De copiar modelos. Copiar el modelo de inversiones norteamericana. Importarlo a la cultura. Volver la especulación de lenguaje algo transable, oficialista.
Fagocitar el derecho a pataleo como algo bueno.
Hacernos creer que al gritar en contra estamos ayudándolos.

Porque, finalmente, todo el juego político de la derecha, desde el neoliberalismo desarrollado en la posguerra, se ha basado en importar modelos funcionales para un sistema y repartirlos como la buena nueva. Evangelizar con la economía como lo hacen con su catolicismo falsamente culposo. Con sus golpes en el pecho que pretenden expiar culpas solucionándolas en sus cabezas, no hablando con los afectados.

Esa es la política que le han inculcado a las nuevas generaciones. Las generaciones del "cambio". La idea que todo va a ser "más grande y mejor". El renombrado "bigger and better" que llevó a la debacle el racionalismo del SXIX. La ilusión que marchamos todos juntos con los ojos puestos en el futuro.

Un futuro de solidez económica (porque la economía es la que importa).
Un futuro que no sé si acaba en un risco o en un paraje maravilloso.
Pero no me gustan los que marcan el camino.
No me gustan los que hablan del "cambio".

Me pregunto si ganando Frei estaría más tranquilo. Mi respuesta más sincera es no. No más tranquilo, pero al menos conozco a mi enemigo. Sé cómo se mueve. Sé dónde están sus heridas. Artísticamente las hemos atacado desde que comenzamos a crear. No estaría más tranquilo, pero sí más seguro de contra quién estoy. Hasta dónde es capaz de estirar sus brazos.

Entonces, ¿qué hacer? ¿Cómo obrar?

El "acto cultural" de la derecha me dejó en claro cómo opera su cabeza.
Y me dejó en claro en qué piensan cuando hablan de "cultura".

No puedo evitar recordar a Alejandro Dolina, cuando habla de "los hijos del olvido", refiriéndose a los jóvenes de derecha que pretenden hacer borrón y cuenta nueva.
Pretendiendo que los crímenes de sus padres son justificados porque "era otra época".
Como si esa "otra época" fuese hace siglos.
Y son menos de treinta años.
Una generación.
Es impresionante.

La memoria de Chile no sobrevive a los tiempos.
Por eso celebramos el bicentenario como si fuera una maravilla.
Olvidamos los motivos.
Olvidamos las causas y nos preocupamos de los efectos.
No tenemos memoria de disco duro.
Tenemos memoria RAM.

Recuerdo a los jóvenes que protestaban en la esquina de mi casa. Recuerdo las bombas y las lacrimógenas que se colaban por la puerta de mi hermana. Y recuerdo estar con mi familia escondidos bajo de la cama para que no nos llegaran las balas. Recuerdo haber llorado en los brazos de mi madre, junto a una vela porque nos cortaron la luz. Recuerdo los jóvenes sangrando, siendo golpeados bajo mi ventana. Recuerdo las propagandas de la época.
Recuerdo el miedo.

Yo era un niño
Un niño con miedo. No tenía responsabilidad política.


Hoy sí la tengo. Hoy soy un adulto.


Esta vez triunfaron los hijos del olvido.
Es nuestra responsabilidad, como creadores, hacer que ese olvido no sea real.
Es nuestra responsabilidad, como el resto de los ciudadanos que no nos compramos los discursos pauteados ni las sonrisas con botox, decir lo que ocurre. Denunciar.
Gritar.
Ejercer el derecho a opinar libremente. Derecho que tenemos gracias a las miles de personas que murieron en una dictadura sangrienta.
Dictadura que los hijos del olvido quieren creen que nunca pasó porque nunca la vivieron.

Se aproximan cuatro años de prueba. De ensayo y error. De medir las fuerzas con nuestro nuevo enemigo. Ver hasta dónde empuja y cuándo sangra. Ver qué permite. Ver qué come, cómo se mueve, dónde le gusta detenerse a tomar agua. Analizar este nuevo animal que ahora está al poder. Verlo en su real dimensión. Medirlo.

Es lógico que no estoy solo.
Y es lógico que todo lo que ocurra será criticado duramente hasta que se vean resultados positivos. Si es que ocurren.
Sea como sea, los que somos disconformes (y que no olvidamos) seguimos de pie.
Seguimos pidiendo lo mismo desde hace veinte años.
La concertación no nos escuchó.
No sé si lo hará nuestro nuevo enemigo.


La derecha de hoy no es Pinochet.
No tiene a su cargo a todo el ejército.
Pero tiene a sus espaldas a todas las empresas y tres canales de televisión.

Desgraciadamente, no sé qué es peor a estas alturas.

3 comentarios:

Kariz dijo...

Vi tu entrada y pensé que me iba a aburrir. Estaba paseando nada más por blogs. Taba en el de pequeño y vi tu link. Me gustó lo que leí y como lo escribes.

El tema de la memoria es muy importante para ayudar a aquellos que no olvidan. A aquellos que ahora e incluso con la concertación se sintieron horrible al ver que la sociedad luego de la dictadura, la política luego de la dictadura no fue lo que soñaron.

Los discursos los tienes claros. Me cuesta llamarlos enemigos eso sí. Creo que igual el conflicto genera cambios positivos pero hay que crear esas instancias, esas reales instancias.

Importar métodos, instrumentos, economías incluso modalidades de vida urbana sin una reflexión de por medio de nuestra realidad latinoamericana va a ser fatal.

Ojalá no perdamos de vista el oro verde. El litio que hay en el norte y que sepamos que alimentan los i-pods, que será el nuevo petroleo. Yo le tengo miedo a eso. País con recursos es país manipulado, país con conflicto para ser saqueado.

Estoy divagando como Diego...

Me hiciste pensar en un día post-borrachera.. voy a trabajar en mi tesis. Parece que mis neuronas están funcionando.

Termino con una frase que comparto contigo: mejor Frei conocido que Piñera que conocer.

Yo dibujé una calavera cuando fui a votar... pensé... quizás alguien vea lo que significa el porcentaje de nulos...

En fin, gracias por tu entrada, por recordar y por tu honestidad.

besos de colores

Eduardo Pavez Goye dijo...

muchas gracias por pasar.
de verdad.

actualizo muy de vez en cuando esta página, pero es un agrado cuando alguien se da el tiempo de leer y comenta lo que piensa a partir de eso.

saludos!

Rafaelo dijo...

buena buena!

andaba pasando por acá, y la verdad es que un agrado leer esto. Me acordé de ti por una obra que una vez me describiste que trabajabas con un circuito cerrado...un amigo de teatro me invito hoy a trabajar en un proyecto que contaría con lo mismo (aunque él lo asumia mucho menos por lo que me habló, yo aún ni siquera voy a un ensayo) de todas maneras, si sigo en el proyecto y tengo dudas te preguntaré.
y lo otro, ¿sigues haciendo algún curso de dramaturgia? o ¿conoces alguno interesante?, ahora que salí de la u y estoy en un periodo de ambigüedad bien grande (existenciales-terrenales), tengo ganas de hacer varias cosas, el teatro es una de ellas. cuéntame que onda si tienes alguna recomendación.
un abrazo Eduardo y suerte en los proyectos!